DDHH y Paz
DDHH Y Paz

DDHH y cultura de paz

La firma de los acuerdos de paz con la guerrilla de las FARC marcó un hito histórico para Colombia. Por un lado, representó la esperanza de la finalización del conflicto armado, que se había prolongado durante más de cincuenta años; por otro lado, y a razón del “Plebiscito por la paz” generó un fenómeno de polarización extrema que dividió al país entre quienes estaban de acuerdo con la firma de los acuerdos y quienes no. Sumado a esto, durante la implementación de este proyecto se llevaban a cabo elecciones presidenciales, lo que sumaba aún más presión al ya convulsionado panorama nacional.

 

En ese complejo contexto y como respuesta a una iniciativa de la Gobernación de Nariño y su Secretaría de Educación, desarrollamos este proyecto de la mano de la Universidad de Pamplona y la Organización de Estados Iberoamericanos. A través de este proyecto, se buscaba fortalecer los conocimientos de rectores y directivos docentes del departamento de Nariño en Derechos Humanos y paz en el marco del posconflicto, así como brindar herramientas para la implementación de estos principios en los Proyectos Educativos Institucionales (PEI) de las Instituciones Educativas municipales y departamentales.

 

Samaniego, Tumaco, La Unión, Pasto, Túquerres e Ipiales fueron los municipios estratégicos elegidos para los encuentros formativos, donde maestros nacionales e internacionales se dieron cita para impartir el Diplomado en Derechos Humanos y Cultura de paz y fortalecer las competencias e iniciativas de más de doscientos cincuenta rectores del departamento.

 

Retos, Aprendizajes y Posibilidades

El principal obstáculo a superar fue el miedo. Las condiciones para el desarrollo del proyecto resultaban, en su mayoría, adversas. Muchos de los territorios donde se realizarían los encuentros se encontraban afectados por la violencia. La presencia de estructuras criminales asociadas al narcotráfico, la minería ilegal, el comercio de inmigrantes, las guerrillas, entre otros, significaba para muchos de los habitantes de estas regiones, incluidos rectores, un riesgo importante para su integridad ya que hablar sobre derechos humanos y paz ha sido estigmatizado y relacionado con ideologías comunistas o de izquierda radical desde hace tiempo en nuestro país. Esta situación nos obligó a adaptar las metodologías planteadas inicialmente a la realidad de los contextos. Por un lado, muchos de los rectores no pudieron asistir presencialmente a las clases por riesgos a su seguridad, por lo que tuvimos que virtualizar todos los contenidos para que pudieran cursar el diplomado a distancia. Por otro lado, tuvimos que ser muy cuidadosos con el lenguaje, a tal punto que debimos eliminar las palabras paz y posconflicto de cartillas y piezas comunicativas para evitar señalamientos y retaliaciones.

 

Sin duda alguna, este proyecto representó una posibilidad maravillosa de crecer como organización. Potenció nuestras habilidades para adaptarnos rápidamente a contextos adversos. También amplió nuestro conocimiento sobre las interacciones de diferentes organizaciones legales y al margen de la ley en los territorios; asunto que se ha convertido en uno de nuestros fuertes, ya que, con el tiempo, hemos aprendido a trabajar en territorios con presencia de conflicto armado con las complejidades que esto implica. Sin duda alguna, esta fue una experiencia enriquecedora, que nos transformó como organización, y como profesionales.

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